Exilio terrestre

Corré mas rápido y no frenes. Este mundo no está hecho para los dos. Nos expulsaron por no pedir perdón, por admitir nuestra parte de razón. A veces cansa sentirse tan humano y tan ajeno a la vez. Somos extranjeros en un planeta que creíamos conocer. Tengo miedo, estoy perdido y te fuiste entre todo el caos de aves dispersas por el temporal. Se escuchaba el llamado de los tambores, todo fue agitación y revueltas. Pero mas escuchaba mi respiración agitada y un silbido que empezaba en la cabeza y no se donde termina. Supongo que el dolor, al igual que el amor, es mas fácil de soportar cuando se comparte. No te veo pero te pienso con las manos. Mis dedos te recuerdan con la memoria del tacto sobre tu piel, y es tan bello acariciarte a la distancia. Puedo recorrerte y dibujarte en el aire, te hago tan real como mi fuerza lo permite, junto con todo lo que tuve que dejar atrás. Te escribí una nota en Marte para encontrarnos en Plutón, espero que la leas y traigas una manta porque acá hace mucho frío. Cuando llegues abrazame así puedo empezar a dormir, ya sin el sol y sin la estufa… cb8c8d739fdd942a52581fed066469e8

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Me siento un extraño, ocupando un cuerpo que no es el mio. Hay un incendio que esta quemando todo y no tiene piedad. No le importa si desaparece a la gente que amo, a mis miedos o a mis seguridades, no distingue lo que ansío de lo que no quiero ver mas. Un cuerpo que late, que drena sangre, que respira y camina, es inservible si no siente todo lo que hace, si no experimenta lo divino, lo invisible que emana de su sitio. Y si este cuerpo abrazado en llamas pidiera rendición, ya no me importaría que fuera a ser de él, porque ya no es mi cuerpo. No es de nadie. Hay tantos misterios que prefiero no descifrar, intento disfrutar del incómodo momento de extraviarme por completo y no tener respuestas. Ya llegarán, vendrán para aliviar esta mezcla de inexactitudes. La carne ya no es carne, es un recipiente que se llena y se vacía y se cansa. Y cuando de mi no quede mas que polvo, me reinventaré. Aparecerá el día, ya sin nada en los bolsillos, en los cajones o en el corazón, que concebir un nuevo elemento no será absurdo ni ideal . Volveré a nacer, se escuchará mi llanto entre el viento, volveré a comenzar jugando con el niño que alguna vez supo reír sin mentir. No es una segunda oportunidad, es un rito de sacrificios paganos, es un oración al dios que habita en todo lo que tiene espíritu para que no me abandone esta vez…

Mucho cuidado con lo que deseas

Siempre quise volar. Sentir el viento en la cara sin estar en contacto con algo, como los pájaros, seria como un sueño en la Tierra, despierto. Olvidarme de lo que tenia en frente y solo pensar en el recorrido, sin posibilidad de chocar, ni de cruzarme con nada. Llegar a la nube mas alta y caer en picada hasta helarme la nariz y volver a subir. Tantas eran mis ganas de volar, que les conté sobre mi deseo a muchas personas. Entre tantas charlas, obtuve diversas respuestas, desde quienes me consideraban un loco, hasta quien me garantizó que si comía un par de alas, podría volar inmediatamente. Aún no se si fue la desesperación o las ganas incontenibles de volar, pero al fin y al cabo, conseguí un par de alas y las comí. Acto seguido, salí corriendo al balcón de mi departamento, en el piso 12, y me tire al vacío. Fueron 15 o 20 segundos, estaba volando, realmente estaba volando, y fue la sensación mas vívida que recuerdo haya experimentado en toda mi vida. Luego impacté sobre el suelo y mi muerte fue instantánea. Desde ese entonces aprendí que no debo confiar demasiado en lo que dice la gente sin antes tener una seguridad a cerca de lo que hablan, aunque admito que volé sin estar en contacto con algo, como los pájaros, caí en picada y se me heló la nariz. Pensándolo bien, esto ya debería haberlo aprendido mucho antes, cuando alguien escuchando mis deseos y dándome un respuesta a mi petición, me hizo comer un corazón. Dicen que es de humanos volver a cometer los mismos errores, pero supongo que un mes de fiebre fue mucho mejor que la eterna muerte.

Otro tigre sin epitafio

Era el tigre mas grande que habían visto, o al menos eso creían. Dormía profundamente, y siempre lo encontraron así. Pensaron que estaba muerto, pero su cuerpo se movía rítmicamente, su respiración delataba su vida. Quizá era una mutación, un error de la Madre Tierra. Fuera lo que fuese, no se detuvieron a pensar. Su sola existencia les influía miedo, terror, parecía una aparición proveniente de la mas terrible pesadilla. La amenaza que este gran depredador representaba no los dejaba seguir, los atormentaba día y noche y siguiendo su propia lógica de eliminar lo extraño y peligroso, decidieron matarlo. Una buena tarde, y sin lugar a ninguna duda, decidieron ir con enormes lanzas a su encuentro. Seria el fin del gran tigre durmiente. En medio de una tranquilidad casi sospechosa, las lanzas volaron, la tensión creció, la expectativa no dejaba moverse a nadie, y un gran aullido de dolor rompió el silencio. Unos enormes ojos del color de la arena, brillosos como un gran océano al amanecer, miraron desesperadamente a su alrededor y tan pronto como la ultima lanza le atravesó su cuerpo, se cerraron para siempre. Al corroborar que estaba finalmente muerto, todos gritaron de alegría, y no es que estuvieran alegres, solo el miedo que tenían ya no los hostigaba mas. Por fin, desde el hallazgo de esta monstruosa criatura estuvieron en calma. Al rato de pensar qué podrían sacar de provecho por esta estresante labor, decidieron desollar al animal y quedarse con su piel. Al menos, alguien no sufriría frió al día siguiente, pero nadie se atrevía a reclamarla antes que otro. Como conclusión, pensaron en dejarle la respuesta al destino, pero al unísono recordaron que ya lo habían asesinado tiempo atrás.

Recuerdos de un amor atemporal

Hoy cerraste la persiana. El sol te molestaba y el olor a hojas secas te revolvían el estomago. Hace rato que dejaste de hablar. Como si la vida te hubiera arrebatado todas las palabras en una apuesta de antemano perdida. Si cierro los ojos por las noches puedo escuchar lejanos ecos contra la pared, son vibraciones de tus gritos muertos, aunque dudo si realmente eran a mi, o solo intentos para despertarte de otro mal sueño. Caminábamos de la mano por las calles. “Siempre mirá hacia los dos lados” me decías cada vez que cruzábamos alguna avenida, y con los ojitos bien abiertos seguía tus pasos. Pero dentro de mi ser entendí que no te referías solo al hecho de cruzar la calle, en realidad era una lección aprendida a lo largo de intensos años en este extraño mundo. Fuiste una profetiza que olvido su propio destino. Todo era verde y días de sol. Todo era verde y aromas de esos que volves a cruzar y se escapa una sonrisa. Pero te cansaste. Poco a poco dejaste de regar tus flores, que se apagaron con el brillo de tus ojos. Te olvidaste del ritual, resignaste de la luz y, como tu jardín, se seco tu corazón. Ni tus lágrimas de agua dulce sirvieron para devolverle vida a tu flora, ni las mías para alimentar un latido sobre tu pecho. Silencio. Falsa ausencia. Real ausencia. Tiempo muerto. Rastros que dejo un río caudaloso, ahora seco. La casa se lleno de polvo de estrellas extinguidas en el cielo mucho tiempo atrás. Curioso el caso del tiempo y la distancia. Si hasta puedo ver las estrellas brillando aun. Será que me congelé en un recuerdo. Será que preferí inventar nuestro propio mundo, nuestras propias reglas, y así poder continuar. Es imposible olvidar tus sonrisas, las reales, de las que ya no se consiguen. Ahora sólo las imagino, porque también las necesito. Te siento en ese abrazo que me regalaste cuando me enseñabas a andar en bicicleta y caí contra la vereda, y apagaste todo el dolor y curaste mis heridas.

Los inadvertidos

Cada vez que alguien gira la cara, florece una rosa en el planeta del olvido. Y por cada manito que se ignora, cada tarjeta de amor que se devuelve, desaparece una galaxia de estrellas que nunca nadie pudo descubrir. Cuando se van a dormir, tienen un techo infinito, el cielo que los cobija, y si llueve hacen fiestas debajo de algún puente. Usan diarios para engañar al frío, y pura suerte para engañar a la muerte. Se rumorea que la fuente de los deseos en el parque del barrio quedó vacía. ¡Y que se le va a hacer! Hay ciertas personas que tuvieron que usar tus sueños para poder comer (Al menos hoy), y su único deseo es que nunca dejes de desear.

Un paraguas de amuleto

Vienen grandes tormentas, yo las espero con mi paraguas. Ese paraguas negro que me regalaste para mi vigésimo segundo cumpleaños porque el 22 es mi número preferido. Dijiste que el negro combinaba con el color de mi mirada, que te encantaba perderte en la mas inmensa oscuridad, porque podías imaginar con mayor claridad todos tus sueños. Y soñaste tanto que tu cuerpo fue quedando chico, el límite se esfumó, o nunca existió, quizás tu alma se expandió hacia otra realidad. Y así, sin mas, te fuiste. La cama quedó grande y sobraba comida, se pudrían las frutas y las flores, porque nunca me acostumbré. La vida de rutina tenia poca gracia, las horas se convertían en minutos, los minutos en segundos, segundos sin magia, minutos sin propósito, horas quietas. En casa no pasaba nada, hasta el gato del vecino dejó de aparecer. Ya lo pájaros no cantaban, o yo no prestaba atención. De repente el tráfico de la avenida no afectaba mis nervios, el silencio se hizo amigo.Te llevaste la música de mis días, aunque pocas veces escuchaba lo que cantabas, solo me quedaba viéndote, observando tus movimientos, la sonrisita que se te escapaba en los estribillos, tus pies marcando el ritmo, tu luz brillando, ardiendo, el planeta dejando de girar para presenciar tu función, esa era mi parte favorita. No hay nada mas triste que una guitarra que lleva tiempo sin tocar, y aunque intentaste enseñarme, siempre me dolían mas los oídos que las yemas de los dedos. Es extraño porque extraño todos esos momentos que no pudimos vivir. Mi tiempo lo marcaban tus latidos, cuando estaba sobre tu pecho, lo demás era espera para volver a vos. Es que cuando llegaste pasó una estrella surcando el cielo y no me hizo falta pedir ningún deseo. Proyectabas de mi todo lo bueno. Ya no importa. Vienen grandes tormentas y yo las espero con mi paraguas. La gente corre a los refugios, y yo sigo aquí con mi amuleto, el que me regalaste, para cubrirme del gran llanto del planeta, que triste no soportaba mas. Podrán predecir que de esta forma no podría escapar de una catástrofe declarada, pero no me asusto, tengo todo menos miedo, porque sé que te voy a encontrar, voy a redescubrirte como ha pasado siempre, allá en el espacio cósmico, en alguna parte del eterno universo que crece con vos.

 

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